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| Dr. Jonathan Mora |
Los datos revelan una realidad alarmante. En enero de 2025, la Dirección de Servicios de Atención a Emergencias Extrahospitalarias (DAEH) registró más de 47,900 asistencias médicas en todo el país solo durante ese mes, manteniendo una alta demanda de atención desde los primeros días del año y culminando con cifras igual de preocupantes.
Estas cifras no son aisladas: desde enero hasta abril de 2025, la DAEH brindó más de 180,700 asistencias en situaciones tan variadas como dificultad respiratoria, desmayos, dolores agudos o accidentes de tránsito, siendo estos últimos responsables de una proporción significativa de intervenciones. Muchos de estos casos son tratados oportunamente en escena y no requieren traslado a centros médicos.
Los accidentes de tránsito siguen siendo un desafío de salud pública en República Dominicana, con miles de siniestros que se presentan desde las primeras horas del año, porque tan pronto el reloj marca las 12 ocurre una transformación eufórica en un publico ansioso de diversión que no mide consecuencias, afectando especialmente a motociclistas, con conductores jóvenes adultos (un patrón lamentable que persiste año tras año).
Mirando estas estadísticas se refleja una realidad cotidiana para los profesionales de emergencias: no hay descanso para las emergencias ni “buenas intenciones” que detengan la llegada de pacientes que necesitan atención inmediata, arribando por sus medios o en el mejor de los casos abordo de una ambulancia, recibiendo atenciones previamente oportunas. Mientras la sociedad celebra el comienzo del año, nuestras unidades de respuestas en campo, módulos de triage y todo el servicio asistencial ya han enfrentado miles de eventos que requieren decisiones rápidas, a menudo bajo presión y con recursos muy limitados.
La expectativa colectiva de un mejor 2026 debe convivir con una realidad fríamente observable: la necesidad de fortalecer los sistemas de respuesta inmediata, de educar a la ciudadanía sobre prevención (con énfasis en seguridad vial, primeros auxilios, activación correcta y oportuna del sistema 9-1-1) consiguiendo reducir los tiempos de respuesta y priorizando traslados con estrategias eficaces. Los números no mienten: los servicios de emergencia están saturados desde enero hasta el siguiente enero, mucho antes de que la mayoría pensemos en metas o resoluciones.
Para 2026, el desafío no debe centrarse únicamente en pronósticos optimistas, sino en políticas y prácticas que reconozcan que, detrás de cada estadística, hay una vida, una familia y una oportunidad perdida o ganada de salvarla.Sin dejar de lado los costos de atención que se generan detrás de cada paciente visto. Enero puede llegar cada año con cifras altas; lo que debemos cambiar es cómo respondemos a cada una de ellas desde el escenario que nos toque actuar.


