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Wellington Gómez Pichardo |
Mucho antes de que existiera algo llamado “Room 16 Protocol”, ya existía una crisis silenciosa dentro de los servicios de emergencia.
Durante años, en países como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, diferentes estudios comenzaron a revelar una realidad incómoda:
- Los primeros respondedores tenían mayor riesgo de suicidio que la población general
- El trastorno de estrés postraumático (TEPT) era significativamente más alto
- La depresión y el abuso de sustancias crecían dentro del sector
Pero el problema no era solo clínico… era cultural. En el mundo SEM, pedir ayuda era visto como debilidad.
Contexto histórico: la evolución del problema (1990–2015)
Desde la década de los 90, organismos como el National Institute for Occupational Safety and Health y posteriormente la Substance Abuse and Mental Health Services Administration comenzaron a documentar el impacto psicológico del trabajo en emergencias.
Sin embargo, durante más de dos décadas:
- Se priorizó la capacitación técnica
- Se fortalecieron protocolos clínicos
- Pero la salud mental quedó relegada
Fue alrededor de 2010–2015 cuando el tema explotó públicamente:
- Casos de suicidio en bomberos y paramédicos comenzaron a viralizarse
- Asociaciones de EMS empezaron a hablar de “epidemia silenciosa”
- Se crearon los primeros programas de peer support (apoyo entre pares)
Aun así, existía una gran barrera: El acceso real y seguro a atención psicológica inmediata.
¿Quién cuida al que siempre está listo para cuidar?
Paramédicos, bomberos y policías conviven a diario con la muerte, el dolor y el caos. Pero cuando la crisis no está en la escena, sino dentro de ellos, el sistema muchas veces no sabe cómo responder.
Es en ese punto donde surge una iniciativa innovadora y profundamente humana: el Room 16 Protocol (Protocolo de la Sala 16).
¿Qué es el Room 16 Protocol?
El Room 16 Protocol es un modelo diseñado para ofrecer atención inmediata, confidencial y digna a primeros respondedores en crisis de salud mental, especialmente en casos de ideación suicida o colapso emocional.
A diferencia de los protocolos tradicionales, este sistema:
- Evita la exposición pública del paciente
- Reduce el estigma asociado a buscar ayuda
- Acelera el acceso a atención especializada
Se trata de un circuito alterno dentro del hospital, creado exclusivamente para quienes dedican su vida a responder emergencias.
Origen: una solución nacida desde la realidad del terreno
Este protocolo no nace en un escritorio académico, sino desde la experiencia directa de quienes viven la emergencia.
Su desarrollo está vinculado a iniciativas como el Tri-State First Responder Peer Support Team, en colaboración con hospitales como:
- Good Samaritan Hospital Clifton
- Bethesda Butler Hospital
Estos centros implementaron el protocolo como una respuesta concreta a una problemática creciente: el deterioro de la salud mental en primeros respondedores.
📌 Según estos programas, el protocolo fue diseñado para:
- Preservar la privacidad
- Eliminar barreras de acceso
- Reducir el estigma
- Prevenir tragedias como el suicidio
¿Cómo funciona realmente?
El corazón del protocolo es su discreción operativa.
Cuando un primer respondedor entra en crisis:
- No accede por la sala de emergencias tradicional
- Es recibido a través de una entrada privada
- Es trasladado directamente a una sala designada (Room 16)
- Recibe atención inmediata en salud mental
- Se activa seguimiento y apoyo posterior
Este proceso, conocido como “backdoor access”, permite que el paciente:
- No sea expuesto públicamente
- No pase por triage convencional
- Mantenga su confidencialidad profesional
La crisis que obligó a innovar
Diversos estudios han demostrado que los primeros respondedores presentan:
- Altos niveles de estrés postraumático (PTSD)
- Mayor riesgo de depresión
- Tasas preocupantes de suicidio
El problema no es solo la exposición al trauma, sino la cultura interna del servicio:
- “Aguántate”
- “No muestres debilidad”
- “Eso es parte del trabajo”
Este entorno ha generado una barrera peligrosa: el miedo a pedir ayuda, el Room 16 Protocol rompe directamente con ese paradigma.
Un cambio de enfoque: la salud mental como lesión ocupacional
Uno de los aportes más importantes del protocolo es su visión conceptual:
La crisis emocional de un rescatista no es debilidad… es una lesión ocupacional.
Este enfoque equipara: Un trauma psicológico con una fractura o lesión física en servicio y obliga a los sistemas a responder con la misma urgencia.
Impacto y expansión
Aunque su implementación aún no es universal, el modelo ha generado interés en:
- Sistemas EMS en Estados Unidos
- Programas de bienestar policial
- Redes de apoyo entre bomberos
Además, ha abierto el debate sobre la necesidad de:
- Protocolos exclusivos de salud mental
- Canales confidenciales de atención
- Programas de intervención temprana
República Dominicana: una deuda pendiente
En el contexto dominicano, la realidad es aún más crítica:
No existen protocolos estructurados de salud mental para rescatistas
La atención psicológica sigue siendo limitada
El estigma es incluso más marcado
En muchos casos, el personal de emergencia:
- Guarda silencio
- Se automedica emocionalmente
- O simplemente colapsa sin apoyo institucional
Implementar un modelo como el Room 16 Protocol en República Dominicana no sería un lujo… sería una necesidad urgente
Reflexión final: salvar al que salva
El Room 16 Protocol no es solo un procedimiento, es un mensaje claro:
El rescatista también puede romperse. Y cuando eso ocurre, el sistema debe estar preparado no solo para intervenir… sino para hacerlo con respeto, dignidad y humanidad, porque al final, proteger la salud mental del personal de emergencia no solo salva una vida…
- Tri-State First Responder Peer Support Team
- National Institute for Occupational Safety and Health
- Substance Abuse and Mental Health Services Administration
- Programas hospitalarios de apoyo a primeros respondedores en EE.UU.
- Literatura sobre TEPT en servicios de emergencia


